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jueves, 6 de febrero de 2014

Reflexiones para Jovenes - Celebración a lo Grande

Dado que ya conoces la parábola del hijo pródigo, te pregunto: ¿Por qué crees que el muchacho se fue de la casa? ¿Simplemente para disfrutar de una aventura, o quería algo más?
Una clave para saberlo está en el hecho de que pidió su parte de la herencia. Si solo hubiera querido una aventura, ¿por qué pidió todo? Los bienes de una herencia solían asignarse a los herederos mientras el padre vivía, pero se repartían solamente después de la muerte del padre. El hecho de que el muchacho ni siquiera quiso esperar hasta que su padre muriera para pedir su parte de la herencia, hace pensar que lo que deseaba era independencia.

Ya conocemos el relato: despilfarró los bienes de su padre y llevó una vida desenfrenada (vers. 13). Pero en lugar de libertad, lo que encontró fue esclavitud.
Entonces sucede un hecho interesante. El relato dice que el joven «vuelve en sí»; es decir, «recapacita» (Luc. 15:17, NVI), y decide regresar. ¿Qué lo motivaría a regresar? ¿El hambre? ¿Las comodidades de su casa? No sé qué piensas tú, pero creo que la verdadera motivación para regresar fue la seguridad de que las puertas de ese hogar siempre estarían abiertas para él.
Y el relato dice que regresó. Y el padre corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo restituyó con honores al seno de la familia. Y hubo celebración a lo grande: el hijo que estaba muerto había vuelto a la vida; el hijo que estaba perdido, había sido encontrado (vers. 23,24).
¿Puede alguien, siquiera remotamente, imaginar la alegría de nuestro Padre celestial cuando un hijo suyo extraviado se arrepiente?
De manera que, si ahora mismo estás lejos de tu Padre, este es un buen momento para regresar. Las puertas están abiertas ahora mismo para ti. Y de una cosa puedes estar seguro: no habrá recriminación, ni censuras. Al contrario, tu Padre te recibirá con los brazos abiertos. ¡Y en el cielo habrá un fiestón! ¿Listo para celebrar?
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. (Lucas 15: 20).
Oración: “Gracias Padre Celestial, porque no pones condiciones para amarme ni para perdonarme”.

Tomado de Matutina Dímelo De Frente - Por: Fernando Zabala

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