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lunes, 12 de enero de 2015

Quiero Ser Como

Y SE VE CLARAMENTE QUE USTEDES SON UNA CARTA ESCRITA POR CRISTO MISMO Y ENTREGADA POR NOSOTROS. (2 Corintios 3: 3).
Hace poco leí un pensamiento que me hizo reflexionar. Decía: «Es probable que la única Biblia que la gente lea alguna vez seas tú». Por extensión, también podría decirse: «El único Jesús que la gente conocerá es el que muestras tú». Y si este es el caso, entonces la pregunta obligada es: ¿Cuánto del carácter de Cristo está leyendo la gente en la carta que soy yo? 
Una simpática historia, narrada por Tony Campolo, ilustra muy bien esta gran verdad. El relato tiene como protagonista a un borracho llamado Joe. Nadie en su sano juicio le daba a Joe esperanza alguna de regeneración. Su vicio lo encadenaba, su aliento y sus ropas apestaban, su vocabulario ofendía. 

martes, 9 de septiembre de 2014

El Niño en la Gran Biblioteca

Si subiera al cielo, allí estás Tú, si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡ME SOSTENDRÍA TU MANO DERECHA! (Salmo 139: 8-10).

-¿Cree usted en Dios? —le preguntó George Sylvester Biereck a Albert Einstein.
La respuesta del genio siempre me ha cautivado.
—No soy ateo —respondió el científico—. El problema que conlleva es demasiado vasto para nuestras limitadas mentes. Estamos en la posición de un niño dentro de una enorme biblioteca con cientos de libros escritos en diversos idiomas. El pequeño sabe que alguien debió haber escrito esos textos, pero no sabe cómo sucedió. Tampoco entiende los idiomas en los que están escritos. Además, intuye que existe un orden misterioso en su disposición, pero no sabe cuál es. Esa, me parece, es la actitud que un hombre inteligente debiera mantener respecto de Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos escasamente dichos códigos.

domingo, 6 de abril de 2014

Reflexión para Jóvenes - ¿Prisionero Yo?

Hoy te traemos una linda reflexión para jovenes, Según cuenta una historia, en el siglo XIV vivió un duque llamado Raynald III, mejor conocido como «el Gordo».* Cuando su padre murió, Raynald y su hermano Edward se disputaron el gobierno de Guelders (lo que hoy es Bélgica). Después de varios enfrentamientos entre los dos hermanos, en 1361 Edward prevaleció y «encarceló» a su hermano Raynald.
Lo curioso del caso es que no se trataba de una cárcel en sí, sino de un cuarto con una puerta más pequeña de lo común. Edward conocía muy bien que la mayor debilidad de su hermano era el apetito. De manera que hizo construir alrededor de Raynald un cuarto con una pequeña puerta por la que Raynald podía salir en cualquier momento, pero solo si rebajaba de peso. La prueba, sin embargo, no era nada fácil. Cada día, Edward enviaba los platos más exquisitos al cuarto de su hermano. Raynald debía decidir si los comía, con el riesgo de seguir engordando, o se abstenía, para salir algún día por la pequeña puerta. En lugar de perder peso, Raynald engordó más.